¿Cómo cambiar el mundo y su valor temporal?

“¿Cómo van con su primera semana de cambio de horario tóxico?, ¿ya les afectó la destanteada en sus actividades cotidianas?”, al igual que yo, tú debes de estar leyéndolo con una voz en la cabeza tipo coach-terapeuta –tóxico(a)– y reprochándote o buscando culpables externos a esos cambios que seguramente tuviste que haber hecho en tu rutina, y eso seguramente ya alteró también el orden de tu bolsillo al tener que haber gastado más en taxis si te mueves en transporte público, o cafés y desayunos que preparabas con calma en tu casa, igual quizás no contemplaste un par de cargas de ropa que no alcanzaste a lavar este fin de semana para prepararte a este cambio durmiendo un poco más y eso te implicó un gasto extra en la lavandería…, y así me puedo ir con más y más ejemplos.

Pero dentro de todo, el daño ya está hecho, lo quiten o no los políticos en turno de la dinámica nacional o local, nuestro deber es el de la previsión, y aunque no se puede prever todo en realidad porque la incertidumbre es una constante de la vida, es preciso desarrollar la suficiente madurez y tolerancia a la frustración como para realizar una concienzuda y valiente autocrítica que nos permita dejar claro qué se salió de control y verificar cuáles fueron los gastos no contemplados que, o bien cambiaron nuestro patrón de salida, o bien acentuaron alguna tendencia o vicio de gasto recurrente que te encontrabas trabajando por corregir.

¿Es cierto eso de que No por mucho madrugar amanece más temprano?

Hay muchas cosas a las que no nos es posible adelantarnos, no somos responsables por ejemplo de que ocurra un accidente de tránsito media hora antes de que salgamos a nuestro trabajo o escuela, ni tampoco podríamos evitar una manifestación en la avenida central que nos separa de ese lugar de trabajo o estudios y nuestra casa, ya ni hablar de contratiempos provocados por situaciones más humanamente sensibles como enfermedades y desastres naturales.

La única constante observable en el mundo como lo conocemos es la incertidumbre observable por doquier, por ello es que para mi esta es un oxímoron por definición, pues se puede tener la certeza de que la va a haber en cualquier momento del día –para que se escuche un poco más entendible, me atrevo a desafiar los paradigmas de carácter ontológico y llamar a esta cosmovisión personal del caos como el mito de la incertidumbre, es un error decir que no sabemos si algo va a ocurrir o no, pues podemos estar seguros de que, o bien va a ocurrir, o bien va a ocurrir algo más–.

Por eso es un hecho que no podemos vivir al margen de las circunstancias poniendo de pretexto nuestra incapacidad para conocer el futuro, como tampoco podemos vivir una constante paranoia tratando de tener un control excesivo de las cosas que nos demande invertir más tiempo y esfuerzo del necesario para manejar una situación que a la larga entorpezca otras áreas que requieren de nuestra atención y cuidado. Recordemos que también la sabiduría popular nos dice de forma opuesta que Al que madruga, Dios lo ayuda.

¿Y es entonces posible y necesario cambiar el mundo?

Honestamente, ¿estás completamente satisfecho(a) con las condiciones del lugar en el que vives?, tu casa es aquella vivienda donde te bañas, te vistes, comes, duermes y descansas –puedes considerarte afortunado(a) si es junto a alguien más–, y esa casa depende de una colonia, esta colonia de una ciudad, esta ciudad de un país y este país de una casa común, a cierto nivel podríamos decir que se cumple aquel protocolo de confianza de mi casa tu casa, por definición, la economía dicta las reglas de la casa y si bien queremos vivir en orden y armonía es preciso seguirlas y mejorar la casa apoyándonos en ellas.

Date cuenta que tienes roles y horarios diferentes de aquellos con quienes compartes la casa común, de ti y de mi depende hacer buen uso de ellos y echar mano de nuestros talentos que pueden abarcar tanto como lo permitamos, tomando en cuenta que tenemos una restricción de tiempo que si bien no podemos extender, si podemos administrar y aprovechar sabiamente. En un mundo donde el valor del tiempo y el talento comienzan a perderse de vista, es preciso hacer un alto en el camino y recobrar la conciencia de valorar aquello a lo que se le ha restado importancia y que va por encima de la sobrevaloración que se le ha dado al dinero y lo material: la persona y el tiempo. Es momento de actuar con más lucidez que prisa, es tiempo de preguntarnos: ¿estamos dando realmente el justo valor a nuestro tiempo?

J. Manuel Rodea

Licenciado en Economía, egresado de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Con una trayectoria de poco más de ocho años de experiencia en el sector privado en el área comercial, de servicio al cliente y mercadotecnia, especialmente de servicios industriales, financieros, consultoría y educación. Su pasión por el análisis cuantitativo y cualitativo de las coyunturas económicas en términos de tiempo y espacio le ha llevado a la búsqueda de un estudio más integral de las decisiones económicas con un enfoque interdisciplinario y apoyándose en conceptos sociológicos, antropológicos, propios de las neurociencias e incluso un nuevo enfoque filosófico de corte más humanista. Actualmente sigue procurando mediante la actualización y la educación continua trabajar nuevos enfoques y conceptos de valor en busca de generar conocimiento y herramientas prácticas para asesorar al público en general en materia de finanzas personales.

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1 respuesta

  1. abril 17, 2019

    […] Creo que tenemos el deber de preguntarnos para orientar nuestras acciones cotidianas: ¿cómo cambiar el mundo y su valor temporal? […]

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