¿Cuánto cuesta mi felicidad?

Hace poco conocí a un autor que se presentó en el lugar donde trabajo, dio una conferencia frente a un grupo de jóvenes que escuchaban atentos aquella ponencia donde hablaba de valores, un tema que es cada vez menos común, especialmente conforme el relevo generacional va transcurriendo y nuevas generaciones van formando parte de la población productiva. No es que los valores hayan desaparecido, pero al parecer, o bien van cambiando con el tiempo, o simplemente tienden a ser reemplazados por nuevos valores, que en calidad de nuevos paradigmas tienen para bien o para mal el poder de definir el rumbo de la persona y la sociedad.

A todo esto, ¿qué es un valor?, Javier Algara Cossío, este personaje de la vida pública que tuve la oportunidad de conocer, presentó a esos muchachos con los que trabajo un libro que a la vez me inspiró para titular este artículo. Retomaré entonces su concepto de valor, el cual claramente se diferencia del concepto del dinero, y una de las primeras cuestiones que plantea parte de lo que no es un valor, puesto que de forma indirecta presenta una aparente disyuntiva: ¿es lo mismo dinero que valor?

¿Qué es lo primero que pensamos cuando nos mencionan la palabra valor?

Tanto los economistas clásicos –como Adam Smith y David Ricardo– como sus opositores más recalcitrantes –Karl Marx y Frederich Engels– coinciden en el concepto económico del valor con algunas ligeras variaciones de las que podríamos hablar por horas, de la misma forma que cuando hablamos de valor en finanzas solemos referirnos al estado del dinero a través del tiempo.

Por ello es posible darnos cuenta que el dinero puede ser una medida de valor, del mismo modo que se puede determinar el valor del dinero con métodos más o menos sencillos, un hecho que sin duda puede ayudarnos a tranquilizar nuestra mente y darle claridad al saber que el supuesto antagonismo conceptual entre valor y dinero supone un falso dilema que no nos lleva a ninguna parte.

Alegóricamente hace alusión al principio del libro a aquel estado de determinación de una persona que le hace capaz de enfrentar el riesgo, variable igualmente latente cuando de análisis financiero se trata. Aunque más allá de la valentía y la capacidad de una persona a enfrentarse y no huir del peligro, ahora que sabemos lo que podría no ser un valor, nos interesa saber lo que si es: ante todo hace una referencia más o menos solemne al mérito o cualidad de una cosa que hace que esta sea deseada, en pocas palabras, un bien en sí mismo de la índole que sea.

¿Estamos conscientes de la problemática que supone el concepto de valor en un mundo inestable?

De forma alarmante me doy cuenta al igual que muchos curiosos, sean economistas de profesión o al momento de tomar una decisión, que al haber tantas perspectivas de lo que son los valores en el mundo moderno se hace presente una entropía que supone cierto grado de inestabilidad más allá de la coyuntura de tiempo y espacio, adquiriendo el sofístico Ceteris Paribus la calidad de razonamiento mítico.

¿Cuál es el reto principal que supone el Mutatis Mutandi que caracteriza la existencia o ausencia de constancia en los valores?

Entiéndase el Ceteris Paribus como una fantasía que puede ser descrita como la ilusión de que nada cambie más allá de la nostalgia, la realidad supone cambios coyunturales  como característica propia de su estructura (Mutatis Mutandi, la antítesis del Ceteris Paribus que suele utilizarse para simplificar el análisis económico), la oposición entre lo que es de carácter normativo –lo que debería de ser, la expectativa pura– y lo que es de carácter positivo –lo que en realidad es, la coyuntura presente–.

Ante todo y sin hacerme spoiler de su propio libro, al pedir al autor que me dedicara su obra como si para un economista fuera, me hizo saber la clave del deber ser de la ciencia económica: el de dar –o al menos procurar en la medida de lo posible–, dar orden al mundo, quizás una consigna similar a la que nos heredó Baden Powell, de dejar este mundo pasajero mejor de como lo encontramos.

Creo que tenemos el deber de preguntarnos para orientar nuestras acciones cotidianas: ¿cómo cambiar el mundo y su valor temporal?

 

J. Manuel Rodea

Licenciado en Economía, egresado de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Con una trayectoria de poco más de ocho años de experiencia en el sector privado en el área comercial, de servicio al cliente y mercadotecnia, especialmente de servicios industriales, financieros, consultoría y educación. Su pasión por el análisis cuantitativo y cualitativo de las coyunturas económicas en términos de tiempo y espacio le ha llevado a la búsqueda de un estudio más integral de las decisiones económicas con un enfoque interdisciplinario y apoyándose en conceptos sociológicos, antropológicos, propios de las neurociencias e incluso un nuevo enfoque filosófico de corte más humanista. Actualmente sigue procurando mediante la actualización y la educación continua trabajar nuevos enfoques y conceptos de valor en busca de generar conocimiento y herramientas prácticas para asesorar al público en general en materia de finanzas personales.

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